Nos guste o no, nos ha tocado la maldición de “vivir tiempos interesantes”. Desde hace tres años hasta ahora no hemos hecho otra cosa que ser protagonistas de una historia que estamos escribiendo con nuestras manos. Estábamos en 2011, la estafa a la que algunos llaman crisis empezaba a hacer mella en todos los campos. El 7 de abril de ese año se encendió una lucecita, aquel día Juventud Sin Futuro consiguió/ conseguimos llevar a cabo una manifestación unitaria en Madrid que se extendió por gran parte del estado, un movimiento juvenil que empezó a gestarse denunciando que no teníamos ni curro, ni casa, ni futuro y con este lema nos visibilizamos en el espacio político. En poco más de un mes estalló, uno de los movimientos más importantes que mi generación ha vivido y del que ha sido participe, el famoso 15M, otra gran manifestación recorría las calles de Madrid y capitales de provincia, tras esta manifestación el primer golpe, llegaron las acampadas, las macro asamb...
Lo he conseguido, si, lo he hecho, he conseguido sentirme bien cuando me miro al espejo, he conseguido olvidar mis complejos y ponerme minifaldas, vestidos ajustados y pantalones por encima de la rodilla, diréis que gilipollez, pero chico, chica, es que cuando una no tiene un cuerpo estipulado, un cuerpo que no entra en la ropa de las tiendas de moda esto supone un cambio más complejo de lo que os pensáis, vosotras y vosotros que no sois juzgados por tener unas piernas gordas, michelines o un horondo y respingón culo, no sois capaces de entenderlo. Desde que empecé con esto del feminismo cuando tenía 18 años no escuchaba otra cosa que “tienes que sentirte bien contigo misma” o el típico “tienes que estar segura de ti” bien lo he conseguido, me he tenido que obligar a pasar vergüenza por ponerme un vestido corto o una camiseta sin mangas, he tenido que soportar miradas de asco o comentarios como “ qué falda mas corta!” o los típicos “es que ligas mucho” , este último aunque no en todo...
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